BIENVENIDA

Hola, bienvenidos a mi blog!!!
Este es el lugar que elegi para compartir con todos uds mis escritos, muchos de los cuales son el producto de mis vivencias, mis sueños y tambien historias que fui recogiendo y que tocaron mi corazón.
Se llama Verde Oscuridad, porque fue el primer cuento que escribi...hace casi un año, y que es mi humilde homenaje a la mujer que ha pesar de haber caido( equivocado), no tiene miedo y apuesta nuevamente al amor porque sabe que la vida sin alguien con quien compartirla, es más dura y dificil de llevar.

sábado, 17 de julio de 2010

CADA VEZ QUE PIENSO EN TI


No puedo dormir. El calor agobiante de la jornada pasada, aún se siente, pero debo reconocer que no es esa la causa de mi desvelo, pues el aire acondicionado está funcionando. Me levanto con desgano y salgo al patio. Sopla una leve brisa que mueve suavemente las ramas de los árboles. Camino por el sendero que atraviesa el jardín. Las rosas, los diego de noche, los jazmines (mis favoritos), que por la mañana parecen estallar en colores, ahora me embriagan con su perfume. Todo está en silencio, sólo Aníbal, mi perro, contento de tener compañía, salta y hace piruetas a mi lado. Me siento en un banco e inevitablemente pienso en ti. Ya han pasado varios años y nada sé de vos, por donde andarás, con quien. Ni siquiera el comentario de amigos comunes, que me den noticias tuyas. Nada, años de amor juntos, y de pronto… nada. El viento te llevó lejos, fuera del alcance de mis ojos, de mis manos. Cada vez que pienso en ti, se viene abajo la máscara que compuse para los otros, los de afuera, que siempre parecen percibir cuando algo no anda bien.

Cada vez que pienso en ti, las lágrimas ruedan por mi rostro, sin siquiera darme cuenta, pareciendo limpiar mi alma, pero no se llevan los recuerdos, esos, quedaron marcados a fuego en mi corazón.

Cada vez que pienso en ti, la mañana pierde su luz, el canto de los pájaros no es el mismo y el transcurrir de los días se hace penoso. Te necesito tanto que me cuesta creer que ya no estés aquí. Te pesaban tanto tus sueños que no pudiste con ellos y echaste a volar…nuevamente.

Cada vez que pienso en ti, la soledad me abraza y el frío me invade. Cuando te fuiste me dejaste desnuda, te llevaste mi alma. Tú eres la llave que me abre, sólo a ti y únicamente a ti, entregué los tesoros escondidos de mi ser. Como comprender entonces, tus ansias de libertad, si siempre te esperé y te di mi vida entera. Como comprender que en un momento, de furia, de celos, te dije que si te ibas esta vez que no vuelvas…y no volviste, y aquí estoy, sabiendo que por ti fui, soy y seré. Cada vez que pienso en ti…





ANA MARÍA DÍAZ PAZ

viernes, 16 de julio de 2010

VERDE OSCURIDAD


Ella corría adentrándose cada vez más en el bosque. Sus pisadas firmes y seguras devoraban raudas la distancia. Casi podía sentir el clamor de su pecho retumbando en sus oídos. Un rayo de luna, que se filtra a través del follaje, ilumina su rostro surcado por las lágrimas. Sus ojos, de transparente mirar, reflejan profunda desesperación.
Correr. Correr, parecía ser la orden que recibía su cerebro.
No siente los arañazos que las ramas bajas de los árboles, laceran sus brazos y enmarañan su pelo. Nada importa solo correr y escapar. Escapar al dolor y a la desesperanza.
Otra vez la herida profunda de su pecho comienza a sangrar y parece devorarse su alma.
Mientras corre, aprieta con firmeza el pequeño bulto contra su seno. Atrás parecen quedar sus sueños…sus pobres sueños, carentes de ambición y de gloria La fría realidad la hizo pedazos.
No quería pensar, no puede hacerlo, solo correr, y con fría determinación, sigue haciéndolo. Correr hacia la fría, verde oscuridad.
La luna dibuja arabescos siniestros en la sombra del sendero. Puede sentir bajo sus pies el musgo húmedo de rocío y los guijarros que sin piedad rasgan sus miembros. Sus labios entreabiertos jadean por el esfuerzo, pero sigue corriendo hundiéndose cada vez más en la verde oscuridad.
Las raíces de un árbol leñoso que orillaba el camino le impide seguir, trastabilla y cae…un golpe, una herida más, el dolor se refleja en la mueca que involuntariamente contrae su rostro. Está cansada, le pesan los hombros. Con dificultad vuelve a ponerse de pie e intenta seguir, pero no puede hacerlo, el dolor lacerante en una pierna se lo impide. Siente la sangre brotar de las heridas provocadas por las piedras que desgarraron su piel. Con cuidado intenta caminar nuevamente. Despacio, muy despacio, da unos pasos y con cada uno el dolor aumenta, pero sigue y retoma el sendero. No siente los brazos ateridos por el frío y ya casi sin fuerzas logra vislumbrar más adelante un claro. Poco a poco sale del bosquecillo y se adentra en un prado.
La luna ilumina nítidamente su rostro, el cansancio parece haberse disipado dejando paso a la tranquilidad. Se siente a salvo. Con cuidado baja sus manos y contempla su preciosa carga : su corazón, que bajo su atenta mirada empieza, con timidez, a latir nuevamente.
Comienza amanecer …

ANA MARÍA DÍAZ PAZ